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El Museo Británico
es uno de los más importantes del mundo, donde
el arte y sobre todo la historia se pueden apreciar
en todos sus aspectos y pensamientos. Desde su apertura,
el 15 de enero de 1759, solamente cerró sus puertas
por motivo de las dos guerras mundiales, y ha pasado
de tener 5000 visitantes al año, a más
de 5 millones, convirtiéndose en uno de los museos
más visitados del mundo.
Es uno de los museos más
antiguos del mundo y contiene más de
siete millones de objetos de todos los continentes,
muchos de los cuales se encuentran almacenados para
su estudio y restauración, o simplemente guardados
por falta de espacio. También cuenta, entre otras
cosas, con la mayor sala de lectura de
la Biblioteca Británica, biblioteca
que aunque ahora tiene sede propia, hasta el año
1973 también formaba parte del
museo, al igual que el Museo de Historia Natural de
Londres, que cambió a sede propia en el año
1963.
Su sección de Egipto Antiguo
es la más importante del planeta después
de la del Museo Egipcio de El Cairo, y la entrada al
museo y a muchos de los servicios que ofrece, como el
de su sala de lectura, es libre y gratuita, a excepción
de algunas exposiciones temporales.
Los orígenes del Museo Británico
se sitúan en las colecciones del eminente médico
y naturalista Sir Hans Sloane (1660
– 1753). Sir Sloane cedió su museo de 80.000
objetos, su herbario y su biblioteca al rey
George II, para el pueblo británico,
a cambio de la suma de 20.000 libras para sus hijas.
Mediante el acta del Museo Británico de 1753,
el Parlamento instituyó una colecta de fondos
para el museo por medio de una lotería pública.
El 15 de enero de 1759, el Museo Británico
abrió sus puertas al público.
Desde su inauguración, el museo
no ha hecho más que aumentar su colección,
bien mediante donaciones o mediante compras. Aunque
al principio su principal patrimonio eran los documentos
y libros, pronto empezó a recibir gran cantidad
de objetos antiguos.
En el año 1782
aumentó de forma significativa la colección
de antigüedades, por la compra por parte del Estado
de las obras y objetos de Sir William Hamilton,
embajador británico en Nápoles, que incluían
piezas de Grecia y Roma. La derrota de Francia
en la batalla del Nilo permitió que el Museo
Británico adquiriera en 1801 gran cantidad de
antigüedades egipcias y la célebre piedra
de Rosetta. También se añadieron
un gran número de esculturas griegas, como las
de la colección Townely en
1805 y los Mármoles de Elgin, más
conocidos como los mármoles del Partenón,
donados por el conde de Elgin en 1816.
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